Ya salió el número 2 y 3 de la revista de literatura La Costurerita. Incluye un comentario sobre el libro Sueño americano, de María Teresa Andruetto (caballo negro editora, 2009)

Sueño americano

Por Alejo González Prandi

La podremos ver posando para una Kodak, pero nunca para la poesía. Su propia poética se lo impide. María Teresa Andruetto sale al ruedo sin saber qué ocurrirá en el camino. Sabe que no hay regreso. El futuro es siempre indagación. El pasado de la autora lo demuestra. Libros como Pavese y otros poemas (1997), Kodak (2001) y Beatriz (2005) nunca cierran, y no cierran porque sus identidades niegan el fin de la búsqueda, del asalto a lo desconocido.

En ese asunto de andar inquietando parajes poco explorados, la poeta sacude al lector e impide que logre acomodarse a sus anchas. El vuelo de lectura implica pozos de aire, turbaciones y movimientos inciertos. Hay riesgos. También rostros, gestos y testimonios, que crecen como un rumor, solapadamente entre las grietas, y de a poco van transformándose en historias tan conocidas como la vida propia. Sueño americano es un álbum del grito mudo, un diálogo hecho de largos suspiros, de confesiones mínimas sobre imágenes de soledad, erotismo y espera. Es la narración de alguien que se ha tirado bajo la sombra de un árbol para contar qué le ha sucedido al mundo. ¿Por dónde comenzar? ¿Cuál es el principio? ¿Quién lo cuenta? Tal vez sea Patti Smith o no; una chica Bond, o no; una niña simpática con sus vecinos o una voz que habla por todos y en cada silencio reza una plegaria.

Fuera de cualquier sonambulismo literario, Andruetto forja en cada palabra el arco de vitalidad que la constituye. La música se escucha en toda la dimensión de este sueño despedido como de una Polaroid.

 

PATTI S./ 1975/ PHOTOGRAPH BY ROBERT MAPPLETHORPE

Yo quería grabar un álbum que hablara de caballos
y te pedí que me sacaras una foto para la tapa.
Una foto que haga historia, dije, y vos hiciste esa
donde yo no era hombre ni mujer. Habíamos dormido
demasiado. Me puse aquella ropa que era como un uniforme,
en la calle y en el escenario. Nada de asistentes,
dijiste, quiero un triángulo de sombras. La luz
ya había muerto entre nosotros. Me pediste que me quitara
el saco porque te gustaba mi camisa blanca
y yo me lo puse al hombro, como Sinatra, y lo sostuve
de un extremo para que no cayera. El álbum
empezaba con esa frase que solía decirte por las noches:
Jesús murió por los pecados de alguien, no por los míos
y la frase que hubiera cabido en boca de mi madre
se mezcló con la canción de una chiquilla suicidándose.

Más de María Teresa Andruetto

El poeta Jacobo Regen está internado desde el 9 de diciembre en el Hospital San Bernardo (Salta), en estado delicado.

Actualización: Su familia y amigos están a su cuidado. El poeta cuenta con todos los medios de atención necesarios.

Foto: Salta21

Él sábado pasado María Negroni leyó en el ciclo de poesía coordinado por Lidia Rocha y Gerardo Curiá, dentro del espacio Literatura Viva, en la Biblioteca José Ingenieros.

XIII
(diavolo in musica)

¡Oh Noche amable más que la alborada!
                             San Juan de la Cruz

I—me—more—far
God—night—sea—die—

    
¿y eso qué es?
las palabras
que más usaba Emily Dickinson
¿y qué quiere decir
corpus paradissum?
            
arrojarse en las aguas de un río        
con los bolsillos llenos de piedras

así es
la poesía es un camino
      que conduce a todo
            
hago lo que puedo—dijo la muerte
            
       había una vez
una imagen
       en vez de manos tenía noche
       en vez de rostro un puente
            de ningún lado a ningún lado

no es fácil amor mío
abrir las piernas

     no es lo mismo
te quiero que me querés que me quiere

no se entiende
¿qué cosa no se entiende?

esta pequeña eternidad
de patas blancas

oh Strange Strange Desire
¿cómo se dice en inglés
      only my Death will never leave me?

he aquí
la música absoluta

a la una a las dos a las tres
escóndase quien pueda

¿y si no viene el lobo?
¿ni siquiera un camino
lleno de curvas?
       ¿una vuelta carnero?
             ¿una reina?
                   ¿ALGO?

tú puedes chica—dijo la muerte
persevera y escribirás

               ¿el Canto X del Paraíso?

no tonta
postales
      de la ciudad extranjera
             
         oh Sócrates
        era esto quedar
        expulsada a un mundo

variaciones sobre nunca
como quien dice el río
del tiempo y su contrario

y después oye las piedras

                         I        me
                           more      die

y así la inexistencia está más viva

 
De Arte y Fuga, Editorial pre-textos. España [2005]

Más poemas de MN

Recibimos de Dorilda Pereyra (Córdoba, 1932) el libro Veinte Gansos, Babel editorial, 2009.

POEMA 38
 
Veinte gansos me abrigan.
Sus plumas tienen el sonido
de la respiración de un niño,
el susurro de faldas de raso
empujadas por la música.
 
En alguna parte y por un día
habrán alimentado a unas veinte familias.
Yo tengo para siempre
la liviandad de sus plumas
su calor, sus vidas coaguladas
la respiración de un niño sobre mi pecho.
 
Soy la carne
de esos veinte gansos que me abrigan,
soy sus miedos, sus alas, sus ganas de volar.

Watanabe

El VADO
Si vas por la playa donde se vadea el río
verás,
plantadas en el limo,
           largas varas de eucalipto. Están allí
para los caminantes que van a la otra ribera.
                          Una será tu cayado:
con ella tantearás, sin riesgo, un camino
entre las aguas turbias
                y las piedras de resbaloso musgo.

Cuida de dejar hundida la vara
              con gratitud
en la otra orilla: otro viene:
acaso mi padre
que en las tierras amarillas busca sandías silvestres,
             acaso yo
que regreso, retrasado y viejo,
             mirando ansioso mi pueblo que tras el río
ondula o se difumina en el vaho solar.
                                           Allí,
según costumbre, sembraron mi ombligo
                      entre la juntura de dos adobes
para que yo tuviera patria.

Deja el cayado clavado en el limo.

 

José Watanabe (Laredo, 1946 – Lima, 2007). Del libro La piedra alada (Pre-Textos-Bajo la Luna, 2009)

Recibimos Intervalo Lúcido (Edición Alternativa, 2007), de Lisandro Gonzalez. 

EL REFLEJO DE DOS SOMBRAS

ya es la hora
en que dan vuelta las sillas
y sacuden los manteles

hemos pagado,
hemos dejado la propina
y saludado al cheff

afuera
el viento del océano
y el frío del verano
divide los caminos
y se avecinan
las lluvias próximas

Por Celedonio Torres Ávalos

La poesía chilena nos abraza nuevamente con una voz original, plena de realismo, clara y penetrante. Es la voz de Jaime Pinos Fuentes con su libro CRIMINAL editado en La Calabaza del Diablo (2003), Santiago de Chile. Todos los poemas del libro son una unidad. Muestran distintas escenas y testimonios de un hombre que ha incurrido en diferentes crímenes, como ser robo, violación y asesinato.

No estamos ante un libro meramente narrativo, sino sustancial, en un ámbito entre la épica y la lírica. Pinos Fuentes nos muestra, con una poesía sencilla que tanta falta hace, un porqué de ese criminal, una explicación a modo de instantáneas, desde una humanidad que no necesita interpretaciones ni teorías para entender. Así se lee en el poema “Discurso del Resentimiento”:

Lo que hice lo hice,
no lo digo por victimizarme,
pero yo estaba marcado.

La pobreza,
la droga,
la violencia.
Estigmas,
cicatrices de nacimiento.

A los otros les tocó el premiado.
A mí, sólo una mierda de vida
y toda una vida de mierda para malvivirla.
Una niñez con dolor.
Una madurez prematura impuesta por los rigores de la supervivencia.
Una vejez indigna entre el abandono y la enfermedad.
Una muerte anónima recibida como un alivio.
Así fue para mis padres y los padres de mis padres.
La miseria, qué duda cabe, es un mal hereditario.

No fui el único.
He visto las mejores mentes de mi generación
destruidas por la locura.
Lo que nunca entenderán los psicólogos y los terapeutas
es que la droga no es una puerta falsa
cuando la mente es el único lugar adonde ir
más allá de los límites del gueto.
Cuando se prefiere la angustia de la pasta
a la droga, muchísimo más dura, de la realidad.

En cuanto a la violencia,
una mera abstracción para los privilegiados,
los parámetros cambian cuando se ha vivido en ella
como un pez en el agua.
Cuando un punzón o un fierro hechizo
son simples utensilios domésticos
y la sangre y la muerte
eventos cotidianos,
apenas parte del paisaje.

Que me dieron oportunidades, dicen.
Que pude ser otra cosa.

Pero si alguna vez me dieron algo
fue la condena de crecer en el encierro.
Desde niño, una cárcel tras otra.
Hogares, las llamaban.
Si alguna vez me dieron algo
fue tan sólo para sacarse fotos.
Un ejemplo de rehabilitación, decían entonces,
mientras sonreían a la cámara.
Si alguna vez me dieron algo
fue un destino jugado a la ruleta rusa,
las cartas falsas del perdedor.
Fue la  impotencia, la frustración.
Fue esta rabia.

Repito,
no es por victimizarme,
pero yo estaba marcado.

Yo soy la cosecha.
Yo soy lo que sembraron.

Los últimos versos son de contundente elocuencia. La vida hizo de él un condenado, alejado de toda contención familiar y social. En el poema “Informe Psiquiatrico” se lee un reporte que hacen facultativos “peritos” en el que se asevera que el criminal padeció el maltrato físico y el abuso sexual reiterado como además señala su adicción a la cocaína/ pasta base/ marihuana/ anfetaminas benzodiazepinas. Ese sufrimiento de la infancia se describe con precisión de cirujano en el poema “Recuerdos de Infancia”, donde el hambre esa mordida, la violencia de la abuela y el abuso sexual de los tíos se describen en una poética de golpe y hierro candente.

¿Es este personaje el verdadero culpable de sus crímenes?, mejor dicho ¿es el único responsable de los crímenes?; ¿quién verdaderamente es el creador de este fauno perdido en un laberinto de horror y miseria?. La respuesta la da el mismo poeta en el vibrante poema “Primer Carta a la Poderes”, donde se lee:

Señor Ministro del Interior:

Usted habla de mi vida
Como si hubiese elegido dedicarla a delinquir.
Pero se equivoca.
Yo quería hacer algo con ella.
Tenía aspiraciones, tenía proyectos.
Nunca quise este final,
todo el horror,
todas esas muertes.
Alguna vez imaginé las cosas de otra forma.
Los delitos que cometí
fueron para mejorar el remedo de vida y de familia que tengo.
Sin embargo, todo fue inútil.
Todo sucedió como si estuviera escrito.
Hasta llegar a la soledad de este cubículo
donde la luz permanece encendida
día y noche
mientras el tiempo no pasa
y lo mejor que puedo esperar de la vida
es una muerte rápida.

Usted habla del crimen
como si fuese un vicio que algunos practicamos
por una especie de abyección congénita
o de desafío antisocial a las reglas de la colmena.
Pero se equivoca.
El criminal no nace, se hace.

Y el camino de la abyección es un largo aprendizaje
que, para muchos como yo, coincide con el de la supervivencia.
Ser un individuo útil para la sociedad.
Lo intenté.
Nadie quiso contratarme por mis antecedentes.
Sesenta lucas.
Eso es todo lo que pude ganarme honradamente.
Es la sociedad la que nos rechaza, Señor Ministro.
Es esta colmena la que, como a zánganos, nos desecha por inútiles.

Finalmente,
aunque hoy sea acribillado
por quienes en algún momento me exaltaron
y sea una vergüenza nacional,
le recuerdo, Señor Ministro,
que soy parte del producto interno de esta sociedad.

Aunque usted,
desde la cómoda oficina en que se encuentra,
jamás entenderá.

Desde las alturas del poder,
nunca podrá siquiera imaginar
lo que es la vida
acá
en los bajos fondos.

No hay un intento de defensa a su favor, sí de justificación, y su justificación es nada menos que el testimonio de su vida, y aunque parezca mentira, alguna vez imaginó las cosas de otra forma. Tampoco pide perdón, porque él sabe con certeza que no tiene perdón. Dice en el poema “Discurso del Perdón”: No pido perdón / Los delitos que cometí / fueron atroces, lo sé. / Pero sé también / que ningún gesto de arrepentimiento / va a mitigar / el dolor de las víctimas. / Que el daño es irremediable / Yo soy el que no tiene perdón. / Yo soy el condenado.

Dentro del libro, como un claro en la tempestad, el “Tila”, tal su nombre, se confiesa escritor, en el poema “Discurso de las Bellas Artes” expresa: No pude ser feliz, ello me fue negado / pero escribí, confiesa. Escribió hasta su suicidio. Probablemente si no hubiese escrito, si la poesía no hubiese ordenado su locura y dolor, quizás se hubiese suicidado antes y esa muerte hubiese tenido menos sentido que la que tuvo después de terminar La obra, su libro.  Ese libro le dio sentido a su vida y un sentido a su muerte. Se quitó la vida quizás porque ya no tenía nada más que escribir. Si la poesía no nace de lo más vivo, de lo más animal, de lo más descarnado y profundo del hombre, ¿de dónde nace?

El final del libro es una invocación a Dios, tal vez porque no haya respuesta para la vida del “Tila”, o mejor dicho, para todas las vidas. Es la condición humana ante el misterio de mundo. En el poema que cierra el libro, Requien, dice: “Los que vivimos en esta ciudad enferma, / como lobos y ovejas, / bajo el imperio sangriento de la depredación. / Los que seguiremos repitiendo, / víctimas o victimarios, / la vieja historia de Caín. / Los que lo aborrecemos / porque amamos la muerte, / a Ti, Señor, te pedimos: / ten piedad de su alma, / te piedad de nosotros”.

Jaime Pinos Fuentes, un poeta para considerar. CRIMINAL, una poesía para seguir sembrando.

Lukin

Recibimos Obra reunida 1978-2008, de Liliana Lukin (Ediciones del Dock). Gracias.

un náufrago acaba de nacer
parecen cuervos
esos dedos
agitándose
sobre el agua
anclas mordiendo
esos círculos hondos
que miran el oleaje

nada
hace pensar
en un ahogado

pero nadie
tiene olor
          a tierra
                        

                                                        junio de 1982

(De Descomposición, 1986)

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Poema de Mujeres a la intemperie (pu zomo wekuntu mew) [Bajo los huesos / el suri porfiado, 2009]

Por Liliana Ancalao*

las mujeres y el frío

yo al frío lo aprendí de niña en guardapolvo
estaba oscuro
el rambler clasic de mi viejo no arrancaba
había que irse caminando hasta la escuela
cruzábamos el tiempo
los colmillos atravesándonos
la poca carne
yo era unas rodillas que dolían
decíamos qué frío
para mirar el vapor de las palabras
y estar acompañados

las mamás todas
todas
han pasado frío
mi mamá fue una niña que en cushamen
andaba en alpargatas por la nieve
campeando chivas
yo nací con la memoria de sus pies entumecidos
y un mal concepto de las chivas
esas tontas que se van y se pierden
y encima hay que salir a buscarlas
a la nada

mi mamá nos abrigaba
ella es como un adentro
hay que abrigar a los hijos
el pecho
la espalda
los pies y las orejas
dicen así
y les crecen las ramas y las hojas
y defienden a los chicos del invierno
y a veces sale el sol y ellas tapando
porque los brazos se les van en vicio
y hay que sacarles
despacio
con palabras
en gajos

pero el frío no siempre
lo sé porque esa noche en aldea epulef
dormíamos apenas
alrededor de nuestro corazón al descampado
eufemia descansaba el purrún del camaruco
y la noche confundió su pelo corto con el pasto

era la madrugada y eufemia despertó
con la helada en el pelo
y el frío esa vez tenía la boca
y se reía con nosotras
se está poniendo viejo el frío nos decían

las mujeres aprendemos
tarde
que hay un tiempo en la vida
en que hasta sin intención
vamos dejando una huella de incendio
por el barrio
ni sé por qué la perdemos
y esa tarde yo precisaba
medias de lana cruda para cruzar las calles

en las ciudades el frío
nos raspa las escamas
punza en la nuca
se vuelve más prolijo
en eso andaba y a la noche
había un hombre en mi cama
o era un niño o un muchacho
yo no quería respirar muy fuerte

tiene las manos abrigadas este hombre
entonces por qué me fui
para ver si salía a buscarme o me dejaba
a que los esqueletos de pájaros
se incrusten en mi cara

como el eco del silencio seré
si no me encuentra

por hacerme la linda

encima me da abismo
este frío
sangre azul

* Nació en Comodoro Rivadavia, en 1961. Pertenece a la comunidad mapuche-tewelche Ñamkulawen. Publicó Tejido con lana cruda (2001).

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Por Alejo González Prandi

A Jacobo Regen, salteño de pocas palabras, poeta si los hay”, reza la dedicatoria de Ricardo Zelarayán en su libro Roña Criolla (1991), incluido en Ahora o nunca, poesía reunida, editado por Argonauta en mayo de este año.

Es sorprendente como el nombre de Zelarayán pasó a poblar páginas literarias, blogs y artículos que recomiendan su lectura. Escritores y críticos desde hace un tiempo están difundiendo la obra de este vate, del que no se sabe el año en que nació –sólo que fue en Paraná, y en la década del veinte-, y que gran parte de su vida la pasó mudándose de pensiones en Buenos Aires, perdiendo y recuperando poemas.

En Internet se puede leer algo de lo suyo, incluso La gran salina, texto fundamental en la poética de Zelarayán (La obsesión del espacio, 1972). Cada vez que lo leo –hace sólo cuatro años- llego siempre a la conclusión de que es necesario hacerlo una vez más. Ese poema es una verdadera experiencia de relectura, y ahora mantiene las puertas abiertas en el reciente Ahora o nunca para descubrir poemas como Salvar la ropa, Cosas peores, A contrapelo, La piedad por “esas imbéciles moscas”, Muletas como no hay dos, Ya estoy solo, Tal vez no importe tanto y Tan busca de magros haceres.

***

Es curioso lo que sucede con muchos de nuestros buenos poetas: siempre estamos esperando que algún escritor o periodista de un medio importante escriba y difunda, al menos, los nombres de la gran poesía que se hizo y hace en la Argentina y Latinoamérica. La lectura de los títulos agotados –hoy la web ayuda un poco- la mayoría de las veces se combate a través de fotocopias, la suerte en librerías de viejo o gracias al esfuerzo de pequeñas editoriales que miran más allá de los claustros porteños. Es claro que los autores y editores de poesía se las tienen que arreglar con su propio ingenio y bolsillo.

Vuelvo al principio. Leo que Ricardo Zelarayán, ese “entrerriano, medio tucumano y salteño, en Buenos Aires. Una especie de ‘entrerriano, etc., etc., hasta la muerte’”, le dedica un libro “A Jacobo Regen, salteño de pocas palabras, poeta si los hay”. Esto ocurre en 1991, un año antes de que Regen publicara Poemas reunidos, que abraza Canción del ángel (1964), Umbroso mundo (1971), El Vendedor de Tierra (1981) y otros poemas.

De Regen cada tanto llega alguna noticia. No directamente sobre él. Pero una forma de seguir hablando de él es encontrarse con sus lectores. En un reciente viaje que hice fuera del país, le contaba a una periodista argentina sobre este espacio de poesía y la historia de la revista. Expliqué lo de siempre: “El Vendedor de Tierra es por un poema y libro de Jacobo Regen”. La periodista, sorprendida, exclamó: “¡Jacobo Regen! Sí, lo conozco…”. Hace años lo había leído en una antología de poetas salteños, entre los que también estaba Walter Adet.

Es fantástico como la poesía traza puentes. Espero que los nuevos lectores de Zelarayán atiendan las dedicatorias del propio Zelarayán y anoten el nombre de Jacobo Regen. Sus libros casi no se consiguen, salvo una antología del Fondo Nacional del Artes. Por lo pronto, desde aquí seguiremos diciendo: “El manco lleva el aire en su mano/ como una piedra en el bolsillo”.

Foto: Leopoldo “Teuco” Catilla (hoy presenta dos libros en el CCC -ver agenda-) y Jacobo Regen.

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